Huertos en el loft
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Alucinante cómo las grúas van tejiendo poco a poco el skyline de la mayor locura hecha ciudad de nuestro tiempo...
Si, hace mucho tiempo existió. Se dieron cuenta, como hoy, que la forma de ver el mundo podía ser distinta. De pronto, ya no todo dependía de los mismos. Empezaron a participar, empezaron a crear, a tomar parte de lo que son, a entender que la cultura la hacemos todos, y a su vez, a imaginar, a ser críticos, y a no conformarse con lo que les llegaba de los de siempre.
Pero de repente, desgraciadamente para ellos –y para nosotros-, todo dio un vuelco. Lo que se había logrado, pese a que todos ponían empeño en que funcionara, se vino abajo por los de siempre, por los de ahora mismo quizás. Y es que no podían luchar contra un muro de hormigón, un muro que aún hoy constriñe nuestras almas.
Pero recuerda, no le digas esto a nadie, ya sabes que nos vigilan…
El hombre es un animal social. Necesita de sus semejantes para poder sobrevivir, para poder realizarse como individuo.
Por tanto, no es de extrañar que el ser humano ponga todo su empeño en complejizar sus relaciones sociales. Y para eso es capaz de salvar obstáculos que le son impuestos por la Madre Naturaleza. Acortamos distancias, y conducimos nuestras palabras por los vientos, con tal de sentirnos aún más cerca.
Sin embargo, el hombre no deja de ser extraño en ese sentido; necesita reunirse, pero a su vez crea fronteras, límites, bordes, aduanas. Una de estas fronteras es la lengua, que, a priori, limita la red social a la que se conecta un ser humano, a determinados individuos. Esto es, la comunidad de hablantes de su lengua o lenguas.
Hace bastante tiempo, un oculista polaco llamado Lázaro Zamenhof se dio cuenta de la enorme barrera que suponía la carencia de una lengua común. Se percató que en su barrio, donde convivían varias etnias, las personas tan sólo podían establecer relaciones dentro de su misma red cultural, justo por el susodicho problema de la lengua.
Decidido a acabar con este problema, el Doctor decidió dedicar diez años de de su vida a crear una lingua franca neutra, inspirada en la mezcla de distintas lenguas, pero no identificable con ninguna cultura en particular, pues si una lengua de intercambio, si es nacional, es una imposición, no un instrumento para el intercambio de ideas en igualdad. No le puso nombre, en un principio, pero afirmó que esa lengua sería de aquellos que tuvieran esperanza en un mundo sin barreras lingüísticas, o sea, en esa misma lengua, sería de los esperantistoj. A partir de aquí, esta nueva lengua se llamaría Esperanto.
La arquitectura siempre ha tenido como tema principal en sus planteamientos la materialidad. Esa condición de manejar la materia como instrumento necesario para el hacer arquitectónico es lo que, desde hace mucho, ha venido sirviendo de bandera a los profesionales del mundo de la arquitectura.
Por otra parte, hoy día vivimos en el paradigma de la sostenibilidad, preocupados por cosas como la huella ecológica, y con arquitectos cada vez más conscientes de que están interviniendo y modificando un trozo de nuestro planeta, que nos ha sido heredado, y que a la vez heredarán de nosotros las generaciones futuras.
Rachel Armstrong, doctora, escritora y productora multimedia, entre otras cosas, ha conseguido conectar estos dos planteamientos, y se encuentra investigando con un equipo multidisciplinar una nueva clase de material, entre inerte y vivo, con la capacidad de regenerarse a sí mismo y que además actúa como filtro de dióxido de carbono. Ella misma lo explica en este vídeo de TED: